La Navidad Olvidada- Opinión

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La Navidad Olvidada

La Navidad OlvidadaPor Luis Rosa

Es frecuente observar a los expertos de la conducta humana sostener tesis y enunciados en relación a las experiencias vividas en tiempos pasados.

Ellos aseveran que no debemos vivir de recuerdos. Dicen que debemos superar los acontecimientos y debemos enmarcarnos en la realidad del tiempo presente. Estos criterios se podrían aceptar y, si se quiere, paulatinamente se podrían hacer entendibles bajo la convicción de que el ser humano se rige por el cerebro. Éste acumula experiencias y así mismo las va rechazando a modo de desechos. También las desecha como cuestiones que no son necesarias mantener como reserva emocional.

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En mi caso particular, reniego ignorar u olvidar mis mejores momentos desde mi infancia hasta ayer. Estoy convencido que queriendo recordar lo bueno y satisfactorio también arrastró mis malos recuerdos y los eventos que marcaron mi vida.

Vale decir, la partida física de mi madre, mis hermanos, mis amigos y otros familiares que sembraron en mí semillas de árboles perennes. Que me perdonen los maestros de la psicología, la psiquiatría y otros terapeutas del comportamiento.

Me aferro a mi criterio y me encierro en no ceder, independientemente de su verdad. ¿Cómo puedo olvidar la Navidad de mi infancia? No, no puedo. Había alegría en el barrio y en mi casa. Se sentía la festividad en todo el vecindario con los aguinaldos mañaneros, las guirnaldas, los arbolitos, las creaciones producto de la imaginación de la pobreza, las luces, los fuegos artificiales, el jengibre, la música navideña, las fiestas y los bailes.

No puedo olvidar mis Navidades mágicas, mis Navidades irrepetibles, donde la cena de nochebuena, por humilde y sencilla que fuera, no obviaba que fuera el motivo y el centro de la unidad familiar. Una cena que era compartida con vecinos, familiares y amigos. Todo era alegría y felicidad.

Y es difícil olvidar la alegría azucarada de los surtidos, el vino y el ponche tomado a escondidas. Cómo olvidar las almendras, dátiles, avellanas y coquitos. Y cómo quieren que olvide las uvas, las peras y las manzanas, si esas frutas las veía una sola vez al año. No puedo olvidar nada de mi pasado. Lo funesto lo voy a recordar con lágrimas no tan calladas. Y lo divertido, con alegría desbordante. Intentar olvidar el pasado también arrastraría mi esencia, las raíces de donde vengo. También pondría en juego la humildad que pretendo.

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